En una era dominada por el radar, el GPS y los satélites, el Triángulo de las Bermudas persiste como el último gran misterio geográfico del imaginario occidental. Este triángulo imaginario, cuyos vértices son Miami, Puerto Rico y las Islas Bermudas, cubre más de un millón de kilómetros cuadrados de océano abierto. Aunque los marineros han reportado rarezas en la zona desde los tiempos de Cristóbal Colón (quien anotó luces extrañas y lecturas de brújula erráticas), la leyenda moderna explotó tras la desaparición del Vuelo 19 en 1945.
El Vuelo 19 eran cinco torpederos Avenger de la Marina de EE. UU. en un entrenamiento rutinario. En un día claro, el líder del escuadrón reportó que sus brújulas fallaban, que el océano se veía 'extraño' y que no sabían dónde estaban. Los cinco aviones desaparecieron sin dejar rastro. Para colmo, uno de los hidroaviones de rescate enviados a buscarlos también se desvaneció. Desde entonces, la lista de barcos y aviones tragados por el Triángulo creció exponencialmente, alimentando teorías que van desde lo científico (bolsas de gas metano que hunden barcos, olas gigantes, anomalías magnéticas) hasta lo fantástico (abducciones alienígenas, portales dimensionales, tecnología remanente de la Atlántida sumergida).
Para el historiador cultural, el Triángulo de las Bermudas es un mito nacido de la ansiedad de la Guerra Fría y la era espacial. En un momento en que la humanidad creía dominar la tecnología, el océano nos recordó nuestra pequeñez. El miedo no es al monstruo, sino a la 'nada'. Desaparecer sin dejar rastro, sin restos, sin explicación, es el horror moderno definitivo. El Triángulo funciona como un agujero negro en la racionalidad, un lugar donde las leyes de la física y la seguridad humana se suspenden, y donde el mar vuelve a ser ese abismo insondable y devorador de los mapas antiguos.