En las montañas profundas de la Cordillera Central y en las cuevas inexploradas de República Dominicana, habita una criatura que encarna la belleza salvaje y el misterio inalcanzable de la isla: la Ciguapa. A diferencia de otros monstruos que son abiertamente grotescos, la Ciguapa es engañosa. A primera vista, parece una mujer de una belleza indígena impactante, pequeña, de piel cobriza o dorada, y con una cabellera negra, larga y lustrosa que le llega hasta los tobillos, sirviéndole de única vestimenta. Sin embargo, su naturaleza mágica y elusiva se revela en un detalle anatómico imposible: tiene los pies al revés. Sus talones miran hacia adelante y sus dedos hacia atrás.
Esta inversión no es un simple capricho del folclore; es su mecanismo de defensa y supervivencia. Al caminar, la Ciguapa deja huellas que engañan a cualquiera que intente rastrearla. Si un cazador sigue sus huellas creyendo que va hacia el norte, en realidad la criatura se ha dirigido hacia el sur. Es imposible encontrarla a menos que ella quiera ser encontrada. Vive en estado salvaje, comiendo frutas, peces crudos y pequeños animales, y se comunica mediante un lenguaje de silbidos, gruñidos y cantos similares al de las aves, incomprensible para el oído humano.
La relación de la Ciguapa con los hombres es ambivalente y peligrosa. Se dice que es una criatura nocturna que sale de sus cuevas bajo la luz de la luna llena. Aunque tímida por naturaleza, puede sentir una atracción fatal por los hombres solitarios que se aventuran en el monte. La leyenda cuenta que la Ciguapa seduce al viajero con su belleza exótica y sus cantos hipnóticos, llevándoselo a su cueva para amarlo apasionadamente. Pero el romance es mortal. Después de consumar el acto o cuando se cansa de él, la Ciguapa mata al hombre (a veces devorándolo) o lo captura para siempre, volviéndolo loco. Nunca se debe mirar a una Ciguapa a los ojos directamente, pues su mirada tiene el poder de embrujar permanentemente el alma.
La única forma de capturar a una Ciguapa viva, según la tradición campesina, es mediante una cacería nocturna utilizando un perro 'jibe' (blanco) y virgen, y bajo la luz de la luna llena. Sin embargo, la leyenda advierte que las Ciguapas mueren de pena y melancolía al poco tiempo de ser capturadas, negándose a comer, pues su espíritu está intrínsecamente ligado a la libertad absoluta de la montaña. Para los dominicanos, la Ciguapa es un símbolo de la resistencia taína y de la naturaleza indómita de la isla, una entidad que existía antes de la llegada de Colón y que seguirá existiendo cuando la civilización desaparezca, caminando siempre en la dirección opuesta a la que creemos.