En la cultura coreana, profundamente influenciada por el confucianismo, el cumplimiento de los deberes sociales y familiares es esencial. Tradicionalmente, el deber principal de una mujer era casarse y tener hijos para continuar el linaje de su esposo. Morir antes de cumplir este destino era una tragedia que generaba un inmenso 'Han' (un concepto coreano de resentimiento, dolor y tristeza acumulada). De este Han nace la Cheonyeo Gwishin, el fantasma de la virgen.

Es el arquetipo del fantasma coreano más reconocible: una mujer joven con el pelo largo, negro y suelto (el pelo suelto simboliza su estado de soltería, ya que las mujeres casadas lo llevaban recogido), vestida con el 'sobok', la ropa de luto blanca tradicional. Su apariencia es pálida y triste, a veces con sangre en la boca. Vaga por el mundo de los vivos incapaz de cruzar al más allá debido a su vida incompleta.

A diferencia de los monstruos occidentales que atacan al azar, la Cheonyeo Gwishin suele rondar a su familia, trayendo mala suerte o enfermedad, o aparece en los pueblos causando sequías y desgracias hasta que se realiza un 'boda de almas' (un ritual chamánico donde se la casa póstumamente con el espíritu de un hombre soltero, un 'Mongdal Gwishin', para calmar su resentimiento). Su leyenda no es solo una historia de terror, sino una crítica social y un reflejo de la inmensa presión que sufrían las mujeres en la sociedad patriarcal coreana. Su terror no proviene de la maldad, sino de la pena infinita de una vida no vivida.