Mientras que el Kitsune japonés puede ser benévolo y el Huli Jing chino es un espíritu travieso, el Gumiho coreano (Zorro de Nueve Colas) es una criatura casi exclusivamente maligna y trágica en el folclore antiguo. Es un zorro que ha vivido mil años y ha acumulado suficiente energía para cambiar de forma, prefiriendo transformarse en una mujer de belleza deslumbrante para seducir a los hombres.
La naturaleza del Gumiho es depredadora: se alimenta de órganos humanos, específicamente del hígado o del corazón, que necesita consumir para mantener su fuerza o para alcanzar su objetivo final: convertirse en un ser humano real. La leyenda dice que si un Gumiho se abstiene de comer carne humana durante mil días (o si se casa con un hombre y este no descubre su verdadera identidad en diez años), puede volverse humano. Sin embargo, su naturaleza bestial casi siempre la traiciona.
En los cuentos clásicos, el Gumiho es descubierto cuando un perro de caza la ataca (los perros huelen al zorro) o cuando se la ve volviendo a su forma original bajo la luna llena. A pesar de su ferocidad, en la narrativa moderna coreana, el Gumiho ha sido reinterpretado como una figura romántica y trágica: un ser que desea desesperadamente tener un alma humana y capacidad de amar, pero que está condenada por su instinto monstruoso. Representa la tensión entre el deseo carnal y la moralidad humana, y la soledad del que es diferente.
