Olviden la película de Hollywood con Will Smith. En el folclore ufológico real, los Hombres de Negro (MIB) son figuras profundamente siniestras y perturbadoras, más cercanas al horror psicológico que a la acción. Aparecieron en escena en la década de 1950, vinculados al caso de Albert K. Bender, un investigador de ovnis que cerró abruptamente su organización tras recibir la visita de tres hombres con trajes oscuros.
Los MIB se describen casi siempre de la misma manera: hombres vestidos con trajes negros impecables pero pasados de moda, sombreros fedora, gafas de sol y conduciendo coches negros de modelos antiguos (como Cadillacs o Lincolns) que parecen nuevos, e incluso huelen a nuevo. Pero es su comportamiento lo que aterra. Actúan como si estuvieran 'disfrazados' de humanos. Su piel es a veces descrita como demasiado pálida o plástica, sus movimientos son rígidos y su forma de hablar es mecánica o anacrónica. A menudo no entienden costumbres básicas, como usar un bolígrafo, beber agua o comer.
Visitan a testigos de avistamientos de ovnis o investigadores, presentándose como agentes del gobierno (CIA, Fuerza Aérea), pero sus credenciales no existen. Su mensaje es siempre una amenaza velada: 'Deja de investigar. Olvida lo que viste. Si hablas, habrá consecuencias'. Se insinúa que no son agentes humanos, sino cyborgs, alienígenas camuflados o entidades demoníacas encargadas de mantener el velo de la ignorancia. Los Hombres de Negro personifican la paranoia moderna, el miedo al 'Estado Profundo' y la sensación de que hay una realidad oculta que se nos prohíbe conocer. Son los guardianes del secreto, los encargados de borrar la verdad y silenciar a quienes se atreven a mirar demasiado tiempo al cielo.