En los densos bosques de Nueva Inglaterra, especialmente en el área del 'Triángulo de Bridgewater' en Massachusetts, las tribus algonquinas (como los Wampanoag y los Mohicanos) han temido durante milenios a unos seres pequeños pero letales: los Pukwudgies. Su nombre se traduce aproximadamente como 'persona de la tierra salvaje'. Aunque a menudo se los clasifica erróneamente como duendes o hadas, los Pukwudgies no tienen nada de la travesura inocente de sus contrapartes europeas. Son guerreros mágicos, rencorosos y peligrosos.

Se los describe como humanoides de entre 60 y 90 centímetros de altura, con narices grandes, dedos largos y orejas prominentes. Su piel es grisácea y a veces brilla suavemente en la oscuridad. Tienen la capacidad de aparecer y desaparecer a voluntad, transformarse en puercoespines (su forma animal favorita, ya que desde lejos parecen uno caminando erguido) o crear fuego. Son maestros del arco y la flecha, y usan veneno mágico. También pueden controlar las almas de sus víctimas (Tei-Pai-Wankas) y empujar a la gente por acantilados.

La leyenda cuenta que originalmente los Pukwudgies eran amistosos con los humanos, pero se sintieron celosos y despreciados cuando los humanos empezaron a adorar y prestar más atención al gigante Maushop (el héroe cultural y creador de Cape Cod). En su envidia, los Pukwudgies se volvieron contra Maushop y mataron a sus cinco hijos con flechas mágicas mientras estos jugaban en la playa. Maushop, enfurecido, arrojó a los Pukwudgies por toda Nueva Inglaterra, pero sobrevivieron a la caída y se dispersaron por los bosques, jurando enemistad eterna contra los humanos.

Hoy en día, se les culpa de desapariciones inexplicables en los bosques estatales, de personas que son 'atraídas' fuera de los senderos por luces o voces (similar al fuego fatuo) y de suicidios extraños en acantilados. Un Pukwudgie nunca olvida una ofensa. Si te encuentras con uno, la regla es simple: no lo molestes, no lo sigas y, sobre todo, no intentes ser su amigo. Ellos ya decidieron hace siglos que no quieren nuestra amistad, solo nuestra ausencia.