En el número 112 de Ocean Avenue, en Amityville, Long Island, se levanta una casa colonial holandesa con unas distintivas ventanas en forma de cuarto de luna que parecen ojos observando la calle. Esta estructura es el escenario de la historia de fantasmas más famosa y controvertida del siglo XX en Estados Unidos. La leyenda se asienta sobre una tragedia real e indiscutible: el 13 de noviembre de 1974, Ronald DeFeo Jr. asesinó a tiros a sus padres y a sus cuatro hermanos mientras dormían en esa casa. DeFeo afirmó que unas 'voces' en la casa le ordenaron hacerlo.

Un año después, la familia Lutz (George, Kathy y sus tres hijos) compró la casa a precio de ganga, sabiendo el crimen que había ocurrido allí. Solo duraron 28 días. Huyeron despavoridos, dejando atrás todas sus posesiones, alegando que la casa estaba poseída por fuerzas demoníacas. Los Lutz relataron fenómenos aterradores: nubes de moscas en pleno invierno, puntos fríos, olores a excremento y perfume barato, una sustancia verde gelatinosa que rezumaba de las paredes, la levitación de Kathy, y la transformación de la personalidad de George, que se despertaba cada noche a las 3:15 AM, la hora exacta de los asesinatos de DeFeo.

La historia de Amityville se convirtió en un fenómeno cultural masivo, generando libros y películas. Aunque escépticos e investigadores han cuestionado gran parte del relato de los Lutz, sugiriendo que fue un fraude para ganar dinero, la leyenda persiste. Amityville tocó una fibra sensible en la psique americana: la corrupción del 'Sueño Americano'. La idea de que el hogar perfecto, la gran inversión familiar, puede ser una trampa mortal. La casa no es solo un edificio embrujado; es un organismo maligno que absorbe la violencia y la repite. Simboliza el miedo a que los pecados del pasado (los asesinatos) queden impregnados en las paredes, infectando a los nuevos inquilinos. Sea fraude o realidad, Amityville definió el terror doméstico moderno.