En la inmensidad verde y opresiva de la selva amazónica peruana, existe un terror que no tiene rostro, porque el Tunche es, ante todo, una presencia. No es un animal, ni un hombre, sino un espíritu atormentado, un 'alma en pena' que vaga por la espesura buscando a quien llevarse. La leyenda dice que el Tunche es el espíritu de alguien que murió en la selva de forma violenta, o de una persona que en vida fue malvada y ahora está condenada a vagar sin descanso.

Lo que hace al Tunche verdaderamente aterrador es su sonido. Antes de verlo (si es que se llega a ver, pues a menudo es solo una sombra o una nube de oscuridad), se lo escucha. Emite un silbido agudo, penetrante y melancólico: 'Fin... fin... fin...'. Este silbido tiene una cualidad hipnótica y engañosa. En la selva, se dice que si el silbido suena lejos, es porque el Tunche está ya a tu lado, respirando tu miedo; si suena cerca, quizás aún tengas una oportunidad de huir, aunque pequeña. El sonido desorienta, anula el sentido de dirección del viajero, haciendo que se pierda en el laberinto de árboles.

El Tunche no perdona la burla ni el desafío. Responder a su silbido o pronunciar su nombre en voz alta en la noche es llamarlo. Se dice que puede tomar la forma de un ser querido o de un conocido para atraer a su víctima hacia la espesura, alejándola del grupo o de la seguridad del campamento. Una vez que la víctima está sola y perdida, el Tunche revela su verdadera naturaleza, provocando la locura o la muerte por puro terror. Es la personificación del miedo a perderse, a la soledad absoluta en un entorno hostil donde la naturaleza es tan vasta que la vida humana parece insignificante. El Tunche es el guardián oscuro que castiga a quienes no respetan el silencio y las reglas de la selva.