La Selva Negra (Schwarzwald) en Alemania es un lugar donde los árboles crecen tan juntos que bloquean la luz del sol, creando un crepúsculo perpetuo que ha alimentado la imaginación germánica durante milenios. De este paisaje surge la leyenda de la Mujer del Bosque, un espíritu que personifica la naturaleza indómita y antigua. A veces se la asocia con las 'Weisse Frauen' (Damas Blancas) o con espíritus de la naturaleza similares a las ninfas, pero con un matiz más sombrío y solemne.

Se dice que esta mujer vive en las profundidades del bosque, cerca de los manantiales sagrados o las ruinas de castillos viejos. Puede aparecer como una anciana sabia que ofrece hierbas curativas a los viajeros perdidos que muestran respeto, o como una joven pálida que atrae a los imprudentes hacia los pantanos. La leyenda cuenta que es la guardiana de los secretos del bosque y de los tesoros enterrados. A menudo, se la vincula con historias de madres que perdieron a sus hijos en la espesura o de mujeres acusadas injustamente de brujería que huyeron al bosque para encontrar refugio.

En la mentalidad del romanticismo alemán, la Mujer del Bosque Negro representa el 'Urwald', el bosque primigenio que es anterior a la civilización. Ella observa cómo los humanos talan y construyen, pero sabe que eventualmente el bosque recuperará lo que es suyo. Los leñadores y cazadores de la región solían dejarle ofrendas de pan o leche para evitar su ira. Su aparición suele ir acompañada de un silencio repentino en el bosque, donde los pájaros dejan de cantar. Es una figura de respeto: nos recuerda que al entrar en la naturaleza, entramos en la casa de alguien más, una anfitriona antigua que exige cortesía y reverencia.