Londres, 1837. La Reina Victoria acababa de ascender al trono y la Revolución Industrial cubría la ciudad con una niebla de carbón y gas. En este escenario gótico urbano, nació el primer 'supervillano' de la era moderna: Spring-heeled Jack. A diferencia de los fantasmas etéreos de los castillos, Jack era un terror físico, urbano y descarado. No acechaba en cementerios, sino en los callejones oscuros y los parques públicos de la metrópolis más grande del mundo, desafiando a la policía y a la lógica.
Los primeros reportes hablaban de una figura espectral que saltaba muros de tres metros de altura con una facilidad imposible, como si tuviera resortes mecánicos en los talones (de ahí su nombre). Pero la leyenda explotó en febrero de 1838 con el ataque a Jane Alsop. Una noche, un hombre llamó a su puerta identificándose como policía y pidiendo una luz porque 'habían atrapado a Spring-heeled Jack en el callejón'. Cuando la joven Jane salió con una vela, se encontró con una pesadilla. El hombre se quitó la capa y reveló una apariencia diabólica: vestía un traje ajustado de hule blanco brillante (como un traje espacial o de buzo antiguo), tenía garras metálicas en las manos y sus ojos eran bolas de fuego rojo. Antes de que ella pudiera gritar, la criatura vomitó una llamarada de fuego azul y blanco en su cara y comenzó a rasgar su ropa y su piel con las garras.
Los gritos de Jane alertaron a su familia y Jack huyó dando saltos prodigiosos hacia la oscuridad. Días después, atacó a Lucy Scales en Limehouse, cegándola con su aliento de fuego. El pánico fue tal que el Lord Mayor de Londres recibió cartas anónimas denunciando los ataques y organizó patrullas ciudadanas armadas. La prensa sensacionalista (los 'Penny Dreadfuls') se enamoró del personaje. ¿Qué era Jack? Las teorías de la época eran una mezcla fascinante de escepticismo y superstición.
La teoría racional apuntaba a un aristócrata excéntrico y sádico, Henry de La Poer Beresford, el Marqués de Waterford, conocido por su comportamiento violento, sus apuestas absurdas y su desprecio por las mujeres y la ley. Se decía que había diseñado botas con resortes y un mecanismo para escupir fuego (posiblemente alcohol y fósforo) para aterrorizar a la plebe como un deporte perverso. Sin embargo, los ataques de Jack continuaron décadas después de la muerte del Marqués, apareciendo en Liverpool, en cuarteles militares (donde centinelas dispararon contra él sin hacerle daño) y en los tejados de las Midlands hasta 1904.
Jack evolucionó con el tiempo. Pasó de ser un agresor de mujeres a una figura casi paranormal, un 'trickster' o burlador que abofeteaba a los soldados y se reía de la policía desde los tejados inalcanzables. Nunca mató a nadie, pero su presencia generaba un terror eléctrico. Para el historiador cultural, Spring-heeled Jack es el eslabón perdido entre el folclore demoníaco antiguo y los cómics de superhéroes modernos (es una clara inspiración para Batman y el Joker). Representa el miedo a la tecnología desconocida y al anonimato de la gran ciudad victoriana, donde un monstruo podía ser un demonio del infierno o simplemente un caballero rico con demasiado tiempo libre y un traje extraño.