Si Drácula definió el siglo XIX, el Chupacabras es el monstruo definitivo de la era de la globalización y los medios masivos. Surgido en 1995 en Puerto Rico, su leyenda se expandió como un virus informático por toda América Latina y el sur de Estados Unidos, convirtiéndose en el primer críptido de la era de Internet. A diferencia de las leyendas antiguas que tardaban siglos en formarse, el Chupacabras nació, mutó y se consolidó en cuestión de meses, alimentado por el sensacionalismo televisivo y la paranoia social de fin de milenio.

Todo comenzó en el municipio de Canóvanas, Puerto Rico. Los granjeros empezaron a encontrar a sus animales (cabras, ovejas, gallinas, e incluso perros) muertos de una manera inexplicable. No habían sido devorados ni despedazados por perros salvajes. Los cuerpos estaban intactos, pero completamente drenados de sangre. Presentaban unas marcas quirúrgicas muy específicas: dos o tres agujeros perfectamente circulares en el cuello o el tórax, que penetraban hasta los órganos vitales, sin rastro de sangre derramada en el suelo. Era como si hubieran sido succionados con una aguja hipodérmica industrial.

La primera testigo clave, Madelyne Tolentino, describió a la criatura, y su testimonio creó la imagen icónica del 'Chupacabras Alienígena': un ser bípedo de aproximadamente un metro y medio, con piel escamosa de color gris verdoso, ojos rojos grandes y almendrados (similares a los de los grises de la ufología), y una hilera de espinas o púas coloridas que le recorrían la espalda desde la cabeza hasta la cola. Se decía que se movía dando saltos de canguro y que podía volar o planear distancias cortas. Tenía garras afiladas y un olor a azufre insoportable.

La histeria fue absoluta. Se organizaron batidas ciudadanas, el alcalde de Canóvanas lideró cacerías oficiales y la noticia saltó a 'Primer Impacto' y CNN. La teoría predominante en la isla era que se trataba de un experimento genético escapado de los laboratorios estadounidenses en el Bosque Nacional El Yunque, o una mascota alienígena abandonada por un OVNI. El Chupacabras encarnaba la desconfianza poscolonial hacia el gobierno de EE. UU. y los secretos militares.

Sin embargo, cuando la leyenda saltó a México y al suroeste de EE. UU. (Texas), el monstruo mutó. Dejó de ser un alienígena bípedo y se convirtió en el 'Chupacabras Cánido': una bestia cuadrúpeda, similar a un perro o coyote, pero sin pelo, con piel azulada o grisácea, colmillos prominentes y patas traseras más largas de lo normal. Esta versión es la que más se ha 'capturado' o encontrado muerta en carreteras. La ciencia ha explicado estos casos como coyotes o perros con sarna sarcóptica severa, una enfermedad que hace caer el pelo, engrosa la piel y debilita al animal, obligándolo a atacar ganado fácil (como gallinas) en lugar de presas salvajes.

Pero la explicación veterinaria no basta para matar el mito. El Chupacabras tocó una fibra sensible: el miedo a la depredación invisible. Atacaba lo más valioso del campesino pobre: su sustento (el ganado). Además, su modus operandi (el vampirismo) lo conectaba con miedos ancestrales, pero actualizados con una estética de ciencia ficción. En México, durante la crisis económica de los 90, el Chupacabras se convirtió incluso en un símbolo político, una cortina de humo ('el Chupacabras es el gobierno que nos chupa la sangre').

Hoy, el Chupacabras ha entrado en la cultura pop, apareciendo en caricaturas y películas, perdiendo parte de su terror inicial. Pero en las zonas rurales, cuando amanecen diez ovejas muertas con dos agujeros en el cuello y sin una gota de sangre, los granjeros no piensan en coyotes sarnosos ni en política; cargan sus escopetas y vigilan el techo del granero, esperando ver esos ojos rojos que brillan en la oscuridad.