En las colinas verdes y brumosas de Irlanda, existe un sonido que nadie desea escuchar jamás: el 'Keening' (caoineadh). Es un lamento agudo, sobrenatural, que atraviesa el viento y las paredes de piedra, helando la sangre de las familias antiguas. Quien lo emite es la Banshee (del gaélico *bean sí*, 'mujer del montículo de las hadas'). Ella no es un fantasma común, ni una asesina. Es una mensajera, una profetisa de la muerte aristocrática y un vínculo directo con el 'Otro Mundo' celta.

La tradición dicta que la Banshee no llora por cualquiera. Originalmente, solo se aparecía a cinco grandes familias gaélicas de pura sangre: los O'Neill, los O'Brien, los O'Connor, los O'Grady y los Kavanagh. Con el tiempo, la lista se amplió, pero siempre mantuvo un aire de exclusividad; tener una Banshee familiar era, paradójicamente, un símbolo de estatus y linaje antiguo.

Su apariencia es cambiante, reflejando la triple naturaleza de la diosa celta. Puede aparecer como una doncella joven y hermosa de cabellos dorados, como una matrona majestuosa, o lo más común y aterrador: como una anciana decrépita y horrible, con dientes podridos, uñas largas y sucias, y los ojos rojos de tanto llorar. Viste túnicas grises o blancas, a veces sudarios, y su cabello suele estar suelto y revuelto, lo cual era un signo de duelo salvaje o locura en la antigua Irlanda. A menudo se la ve cerca de arroyos o ríos, lavando la ropa manchada de sangre de aquel que va a morir (en una variante conocida como la 'Lavandera del Vado' o *Bean Nighe*).

El terror de la Banshee no reside en lo que hace, sino en lo que anuncia. Ella no mata. Ella grita porque alguien va a morir esa noche. Su aullido es descrito como una mezcla entre el lamento de una mujer, el chillido de una lechuza y el sonido de una tormenta. Si el lamento es suave y melancólico, anuncia una muerte pacífica de alguien anciano o enfermo, una despedida triste pero aceptada. Pero si el grito es estridente, furioso y aterrador, presagia una muerte violenta, joven o trágica.

Hay relatos escalofriantes de grandes casas señoriales donde, en medio de una cena o una fiesta, todos los invitados escuchan el grito fuera de las ventanas. La música se detiene, las risas mueren y el patriarca de la familia palidece, sabiendo que su hora ha llegado. A veces, la Banshee se manifiesta físicamente golpeando las ventanas o volando alrededor de la casa. Se dice que es un espíritu protector de la familia, una antepasada que lamenta la pérdida de uno de los suyos, pero su aspecto monstruoso y su anuncio fatal la convierten en una figura de pavor.

Antropológicamente, la Banshee es la supervivencia de las plañideras profesionales ('keeners'), mujeres que eran contratadas en los funerales irlandeses para llorar y cantar alabanzas al difunto. La Iglesia intentó erradicar esta costumbre por considerarla pagana y descontrolada, y al hacerlo, demonizó a la figura de la mujer doliente, transformándola en este espíritu solitario. La Banshee nos recuerda que la muerte es un evento comunitario y familiar, y que el dolor tiene un sonido propio que resuena más allá de la tumba.