En las profundidades de las selvas y montañas de Colombia, reina una criatura que encarna el peligro de la seducción y la trampa: la Patasola. Como su nombre lo indica, su característica física más distintiva es que posee una sola pierna, la cual termina en una pezuña de animal (a veces bovina, a veces de oso). A pesar de esta limitación, se desplaza con una agilidad sobrenatural, dando saltos prodigiosos o usando una muleta improvisada con ramas.
La Patasola es una entidad vampírica y metamórfica. Se presenta ante los hombres que trabajan en el monte —leñadores, mineros, cazadores o campesinos— bajo la forma de una mujer hermosísima, voluptuosa y seductora. Aparece en el borde del camino o entre los árboles, llorando o pidiendo ayuda, o simplemente insinuándose. El hombre, cautivado por su belleza, la sigue, alejándose de sus compañeros y adentrándose en la espesura. Cuando ya no hay vuelta atrás, la mujer transforma su rostro en una máscara de horror: ojos de fuego, colmillos de felino y una cabellera revuelta. Se abalanza sobre su víctima para chuparle la sangre o devorarlo.
El origen de la Patasola varía, pero la versión más común es trágica y moralizante: fue una mujer infiel que engañó a su esposo. El marido, al descubrirla, mató al amante y le cortó la pierna a ella en un ataque de furia. Ella huyó hacia la selva, donde murió y se transformó en este espíritu vengativo que odia a los hombres. Aunque es un monstruo, también actúa como una extraña guardiana de la naturaleza: a menudo ataca a quienes destruyen el bosque o cazan animales indiscriminadamente. Es el recordatorio de que la selva es femenina, hermosa, pero implacable con quienes intentan dominarla o faltarle el respeto.
