La Yuki-onna (Mujer de Nieve) es una de las figuras más bellas y letales del folclore clásico japonés. Pertenece a la clase de los 'yokai' (espíritus/monstruos) y personifica la brutalidad helada del invierno. Se la describe como una mujer inhumanamente alta, de piel tan pálida que se confunde con la nieve, cabello largo y negro, y ojos violetas o azules que inspiran terror. No deja huellas al caminar y puede transformarse en una nube de niebla o nieve si se siente amenazada.
La leyenda, popularizada en Occidente por Lafcadio Hearn, cuenta que la Yuki-onna aparece durante las tormentas de nieve para cazar a los viajeros perdidos. Se alimenta de su 'qi' (energía vital), congelándolos hasta la muerte con su aliento helado, dejándolos como estatuas de hielo. A veces se la presenta como una súcubo que seduce a los hombres para absorber su calor corporal a través del contacto sexual, o como una madre que pide a un viajero que sostenga a su bebé (que resulta ser un bloque de hielo que se vuelve cada vez más pesado hasta que la víctima queda inmovilizada y muere de frío).
Sin embargo, la Yuki-onna tiene una naturaleza dual. Es capaz de enamorarse y mostrar piedad. En la historia más famosa, perdona la vida a un joven leñador llamado Minokichi por su belleza y juventud, haciéndole prometer que nunca contará lo que vio. Años después, ella vive con él bajo la forma de una esposa humana, hasta que él rompe la promesa y ella debe abandonarlo, disolviéndose en la nieve. La Yuki-onna simboliza la naturaleza misma: hermosa, serena, pero indiferente y capaz de matar sin malicia, simplemente porque esa es su esencia.


