Si la Kuchisake-onna es el miedo a la vanidad, el Teke Teke es el horror visceral al accidente y a la vida urbana deshumanizada. Es uno de los 'onryō' (espíritus vengativos) más agresivos del folclore moderno. La leyenda cuenta la historia de una joven (a veces llamada Kashima Reiko) que cayó a las vías del tren, ya sea por accidente, suicidio o empujada por acosadores. El tren le pasó por encima, cortando su cuerpo limpiamente por la cintura. Debido al frío intenso de la noche invernal, la cauterización de los vasos sanguíneos impidió que muriera al instante, condenándola a una agonía lenta y solitaria en la oscuridad, ignorada por los transeúntes.
Ahora, convertida en un espíritu lleno de ira ciega, vaga por las noches buscando a cualquiera que se cruce en su camino para compartir su destino. Al no tener piernas, se desplaza arrastrándose con las manos y los codos a una velocidad sobrenatural. El nombre 'Teke Teke' es una onomatopeya macabra del sonido que hacen sus uñas o codos al golpear el pavimento mientras corre: *teke-teke-teke*. Se dice que puede alcanzar incluso a los coches en movimiento.
El encuentro es casi siempre fatal. El Teke Teke no negocia; corta a sus víctimas por la mitad con una guadaña o con sus propias manos, robándoles las piernas que ella perdió. Esta leyenda urbana refleja la brutalidad de la infraestructura moderna (el tren como símbolo de progreso y muerte) y la soledad del individuo en la gran metrópolis. También sirve como una advertencia cruel: no quedarse fuera tarde, no caminar cerca de las vías y no ignorar el sufrimiento ajeno, pues el resentimiento de los olvidados puede volver para cobrarse la deuda.


