El Jiangshi es la respuesta china al vampiro y al zombi, pero con características únicas que lo hacen inconfundible. Su nombre se traduce literalmente como 'cadáver rígido'. Según el folclore taoísta, un Jiangshi se crea cuando una persona muere de forma violenta, suicida, o no recibe el entierro adecuado, y su alma (po) no abandona el cuerpo. Debido al rigor mortis, sus extremidades están tiesas, por lo que no puede caminar; se desplaza dando saltos con los brazos extendidos hacia adelante, buscando a los vivos para absorber su 'qi' (fuerza vital).
Visualmente, el Jiangshi es icónico gracias al cine de Hong Kong: viste las ropas oficiales de la Dinastía Qing (túnicas azules con bordados), su piel es de un tono verdoso o blanco pálido por los hongos de la tumba, y tiene uñas largas y afiladas. A menudo se le representa ciego, detectando a sus víctimas por su respiración. Por eso, en las historias, la gente contiene el aliento para volverse 'invisible' ante el monstruo.
El origen histórico de los 'vampiros saltarines' es fascinante y pragmático. Se relaciona con la antigua práctica de 'transportar cadáveres a lo largo de mil millas'. Cuando una persona moría lejos de su aldea natal, su familia, pobre para pagar un traslado normal, contrataba a un sacerdote taoísta para que llevara el cuerpo de vuelta a casa, pues se creía que el alma solo descansaría en su tierra ancestral. Los sacerdotes transportaban los cuerpos de noche, atados a cañas de bambú que se llevaban sobre los hombros de dos hombres. El movimiento rítmico del bambú hacía que el cadáver pareciera 'saltar' al caminar. De esta visión nocturna y lúgubre nació la leyenda. Para detener a un Jiangshi, los sacerdotes usan espejos bagua, espadas de madera de melocotonero, sangre de perro negro o, lo más famoso, un talismán de papel amarillo con hechizos escrito en sangre de pollo pegado en la frente del monstruo.
